martes 31 de marzo de 2009

ARGENTINA DE LUTO


Raúl Alfonsín
(12/3/1927-31/3/2009)
(presidente argentino entre 1983-1989)


No ahondaré en detalles políticos, biográficos o históricos de un ex presidente, los que encontrarán a granel en libros y sitios de internet


Sólo recordaré dos cosas.


Durante la última dictadura militar, puso gratuitamente su servicio de abogado para defender opositores y presentar hábeas corpus por los desaparecidos, actividad que por sí misma solía significar la muerte.


Luego le tocó dirigir el país dejado por esos mismos militares; un país con 30.000 desaparecidos, miles de exiliados, derrotado por Gran Bretaña en la guerra de Malvinas el año anterior, una pesada deuda externa, y azotado por una grave crisis social y económica.


Mi homenaje.

lunes 30 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (32): 58 DIAS PARA LA LLEGADA A BUENOS AIRES

La premonición de Ezquenazi fue más que eso, y tuvo su confirmación el 29 de marzo cuando dos grandes discos descendieron en Venezuela y desperdigaron allí cientos de robots y de esferas que disparaban rayos. Ese día la expresión de los habitantes de Buenos Aires se trastocó en espanto. Aterrados e impotentes, encendieron las radios y los televisores, buscando noticias, cuales fuesen. Hasta entonces, la América del Sur se había visto libre de la presencia de los invasores del espacio. Pero ese día sus habitantes tuvieron que reconocer que la guerra había llegado a su propio suelo. Entre Venezuela y Buenos Aires había miles de kilómetros de distancia, y varias naciones, pero los porteños se alarmaron tanto como si se hubiesen enterado que la flota extraterrestre estaba a unos pasos de la ciudad. Augusto, con el ejemplar del día en la mano, también se inquietó. Había supuesto (descreyendo de Ezquenazi) que los alienígenas iban a demorar más de dos meses. Pero los invasores habían resuelto el asunto con facilidad y puesto un pie en América del Sur. Turbado, mientras en derredor docenas de lectores atemorizados arrebataban los diarios de las manos de los canillitas, calculó el día en que los alienígenas estarían en Buenos Aires. “Si Ezquenazi tiene razón –dijo a su sobrino-, y parece que así será, el 27 de mayo estarán aquí”.

No obstante, los habitantes de la ciudad se repusieron rápidamente del revés. Todavía las potencias estaban de pie, peleando, de seguro encontrarían la forma de derrotar al Enemigo y éste se retiraría. Incluso esa noche, en una cena, varios funcionarios del gobierno y periodistas aseguraron a Augusto que Buenos Aires nada tenía que temer porque los invasores no podrían combatir al mismo tiempo en todos los frentes que habían abierto.

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sábado 28 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (31): COMIENZA LA CUENTA REGRESIVA: 60 DIAS PARA LA LLEGADA DE LA FLOTA A BUENOS AIRES

Apenas Augusto lo vio, descubrió algo inquietante en su aspecto. Tenía el rostro pálido, una palidez de muerte que la negrura de su cabello resaltaba. Llevaba los ojos enrojecidos, rodeados de dos círculos negros; el pelo estaba largo y descuidado; y arrastraba un cuerpo doblado y enjuto. En el pasado, ambos habían sido buenos amigos, pero presentía que un gran cambio había operado Esquenazi. Y el cambio no le agradaba. El hombre parecía atormentado por ideas y pasiones furiosas.


Se trataba de un físico nacional eminente, aunque autodidacto como era, había incursionado también en otras ciencias y en el arte.

-¿Cómo estás, querido amigo? –exclamó Augusto, abrazándolo-. Mucho tiempo pasó desde nuestra última charla.

-Es grato volver a verte –correspondió Bartolomé-. Cuando todo esto de la invasión empezó, imaginé que ibas a venir a mí. ¿Desean tomar un cafè?

-Gracias, café estará bien –respondió el anciano en su nombre y en el de su sobrino, aunque no le había consultado-. Bien imaginaste que querría platicar contigo porque tenemos mucho quehacer. Mucho trabajo hay para un hombre sabio como tú.

-He oído sobre ese “patético” Consejo de Sabios que organizaste –dijo Esquenazi, mordaz, juicio que asombró a Augusto y le hizo confirmar sus sospechas-: es la novedad de la comunidad científica internacional. Un grupo de pseudos intelectuales que pierden el tiempo y pierden colaboradores… Bien estoy al tanto de sus dificultades, Augusto.

El viejo quedó paralizado: la conversación no iba a ser grata, y no entendía por qué la animosidad del dueño de la casa. No obstante, intentó conservar la mesura.

-Entonces bien sabes que la hora es sombría, y que mucho se necesita de un hombre como tú… Sería de gran importancia que algunos de nosotros se contacten con esos seres para…

Esquenazi soltó una carcajada.

-Esto es muestra cabal del atraso de tu grupo, Augusto –dijo-, un grupo que, por supuesto, no tengo deseos de integrar. Antes de la aparición de sus naves, muchos de los míos sabían que iban a llegar, porque se comunicaron con nosotros, y aún lo hacen. Y sabemos cuales van a ser sus próximos pasos. Habría sido una buena oportunidad si el hombre, creyéndose amenazado, no le hubiese respondido con violencia… Si quieres contactarte con ellos, espera dos meses, pues en ese tiempo estarán aquí.

En el rostro de Augusto se instaló el espanto: en sesenta días las esferas estarían en Buenos Aires.

-Ya la flota invasora ha empezado la invasión de México; sus máquinas sitian Acapulco, Guanajuato y el Distrito Federal. Y desde allí descenderán.

Tras la última afirmación, Augusto creyó que ya no tenía sentido seguir la plática. Entonces, giró hacia la puerta, arrastró con él a Agustín, y se marchó. Y mientras lo hacía pensaba que la cuenta regresiva había empezado.


Continúa lunes 30 de marzo

viernes 27 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXX): LA VISITA A UN HOMBRE SABIO AUNQUE MISTERIOSO

(Resumen: Una flota extraterrestre ha visitado la Tierra, pero el hombre derriba una de sus naves. La guerra entre civilizaciones empieza. Un grupo de sabios intenta detenerla. Mientras tanto, América del Sur espera la llegada de los invasores. AQUI, EL PRIMER CAPITULO: http://algoocurrira.blogspot.com/2009/02/civilizacion-i-el-comienzo.html).


Decididamente se abrieron paso a través de las columnas de gente que iban y venían, aunque Augusto lamentaba no haber cogido el auto para viajar hasta Ramos Mejía. En realidad no había tenido ganas de lidiar con el tránsito, aunque ahora se daba cuenta de que tampoco había sido su intención nadar en ese océano de gente. Mientras andaban, algunas instantáneas entristecieron el corazón del anciano: chiquillos, sucios de la cabeza a los pies, deambulando erráticamente; un anciano, igualmente sucio, que buscaba y rebuscaba su almuerzo en los cestos de basura; y un sinnúmero de pobres que aguardaban que se hiciera realidad el credo que habían cantado hacía doscientos años los fundadores de esa patria: “se levanta a la faz de la tierra, una nueva y gloriosa nación”.


A poco estuvieron delante de la entrada de la estación de ferrocarril. Agustín miró en derredor; un gentío incalculable desembocaba por la calle Cuzco en la avenida Rivadavia; hacia el oeste, el puente de la avenida General Paz, límite de la ciudad, cortaba la vista; hacia el norte, también a unos cien metros, se levantaba la torre de la iglesia de San Cayetano; y hacia el sur se dilataba una calle colmada de comercios a uno y otro lado. La estación era antigua, estaba bastante desaseada y peor mantenida. A los minutos el tren que viajaba hacia el Oeste desembarcó en el andén; apenas las puertas se abrieron, un río de gente pujó por salir mientras otro río pujó por entrar al mismo tiempo. Casi sin darse cuenta, arrastrado por la marejada, a los segundos Augusto se descubrió dentro de un vagón donde el pasaje estaba comprimido como están comprimidas las sardinas en una lata. “Este no es sitio para una mujer embarazada, un discapacitado, un niño pequeño, y tampoco para un viejo”, le dijo Augusto a su sobrino.

Descender dos estaciones más adelante fue tan difícil como subir, pero lo hicieron.

Después de rodar unas cuadras, llegaron a una casa antigua que tenía un jardín en la entrada. Se trataba de una vivienda coqueta, bastante amplia. Una mujer (que Augusto entendió del servicio) los hizo pasar para esperar en una salita mientras iba a anunciarlos. Les llamó la atención que la sala estuviera a oscuras; el ambiente contaba con grandes ventanales, pero de ellos pendían pesados y rojizos cortinados que impedían el paso de la luz del día.

Augusto esperaba que el amo de la casa los recibiera con rapidez, pues no es hospitalario hacer esperar a los visitantes. Pero cuando pasaron quince minutos sin que nadie apareciera, el viejo se sentó en un sillón y sin otra cosa que hacer, repasó el ambiente con los ojos. La sala tenía una decoración suntuosa y anticuada; todo el mobiliario era de caoba, aquí y allá se contorneaban esculturas de bronce, y hasta había dos armaduras medievales contra una pared. Nada sonaba, nada excepto un reloj antiquísimo que parecía contar las horas que le quedaban al mundo.

Al fin, la puerta se abrió, la mujer los hizo pasar a una galería amplia y en ella vieron a Bartolomé Esquenazi.

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jueves 26 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXIX): BUENOS AIRES SE MANTIENE EN CALMA

Finalmente, los Sabios, con más interrogantes que respuestas, consultaron sus relojes, se comprometieron a hacer averiguaciones por su lado para conocer más de los invasores, saber quien podía contactarse con ellos, y juraron no abandonar el trabajo empezado. Después de despedirlos, Augusto quedó pensativo. Iba creyendo que no tenía sentido seguir con el Libro de la Tierra, pues no habría a quien obsequiárselo. Excepto que los Sabios, por propia iniciativa, lograran comunicarse con esos seres. Entonces recordó al profesor Bartolomé Esquenazi, y decidió hacerle una visita.

Cuando esa mañana Augusto se levantó, tomó a su sobrino Agustín y lo obligó a que lo acompañara hasta la estación Liniers, para abordar el tren hacia la provincia. Tenía en casa a los dos jóvenes buenos para nada que su hermano le había adosado, así que al menos sacaría provecho de uno de ellos, del varón, que parecía más compañero. Poco o nada podía esperar de la muchacha, díscola, antipática y de genio difícil.

Media hora después, el viejo y el muchacho estaban caminando por la abarrotada avenida Rivadavia, cerca del límite que separa la capital de la provincia. Hacia esa hora del mediodía el barrio suburbano de Liniers podía parecer tan populoso y caótico como el barrio más ruidoso de una ciudad asiática, y Augusto deploró su idea de andar por ahí en esa parte del día. En esas angostas veredas se mezclaban floristas, crisantemos, claveles y gladiolos; puestos de revistas, foco irresistible de atracción de amigos del puestero, y de curiosos; vendedores de relojes, cadenitas, fundas para celulares, anteojos, verduras, lencería, medias y compact disc, cada uno con su circunstancial clientela; vagabundos, bohemios, inspectores y volanteros; policías que miran hacia un costado y arrebatadores que miran hacia donde dejaron de mirar los primeros. Por supuesto, esta descripción sería incompleta sin las serpenteantes filas de pacientes delante de bancos, organismos públicos y paradas de colectivos, atravesando todo lo anterior. En esta parte de la ciudad la arquitectura no era suntuosa o de estilo francés como en los vecindarios del centro o del norte, y hasta si se fotografiaran las calles de uno y otro lado, algún desprevenido podría asegurar que se trataba de metrópolis distintas.

No obstante el gentío, Augusto avanzaba con paso firme. Se detuvieron en un puesto de diarios para saber las primeras planas: “La artillería europea causa daños a máquinas del espacio –anunciaba un periódico-. Evacuan Varsovia y Praga”.

-La población –dijo Agustín- se comporta como si ignorara la invasión.

-La razón –explicó el anciano- es que nos encontramos lejos del frente de guerra. La presencia alienígena más próxima está a miles de kilómetros de distancia, en México. Pero de seguro –y aquí su voz se hizo más grave-, las cosas cambiarán si las naves llegan aquí.

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martes 24 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXVIII): LOS SABIOS REVELAN NUEVAS COSAS DE LOS INVASORES


-No obstante –comentó Rosales-, fueron cuidadosos cuando su paso por Atenas en cuanto a no dañar las antiguas ruinas griegas.


-Por otra parte –continuó Frontino-, los informes cuentan que son muy cuidadosos con la flora, la fauna y los recursos del planeta. En los lugares que ya ocuparon, cerraron reservas enteras de bosques, agua y animales, y algunos explican que lo hacieron para extraer recursos a fin de sostener una campaña prolongada. Según un artículo de William Forrest de la universidad de Princeton, publicado la semana pasada en el New York Times, su planeta habría sufrido el mismo deterioro que el nuestro producto de la depredación y la sobreexplotación. Afirma, asimismo, que la civilización terrestre debe resistir todo el tiempo que le sea posible, pues los invasores, seguramente provenientes de una galaxia vecina, no cuentan con recursos suficientes para una guerra prolongada. Más allá de detentar una tecnología superior, la falta de provisiones podría perjudicarlos. Tendrían una constitución biológica muy parecida a la nuestra, aunque algunos trascendidos afirman que las criaturas que fueron capturadas de las naves derribadas, revelaron un proceso de envejecimiento inusual.


Todos se miraron unos a otros, y se quedaron en silencio, mientras mil y un ideas cruzaban por las mentes, hasta que Highton, como un oráculo, quebró el mutismo.


-Tienen al tiempo en contra –dijo, como en un rapto de inspiración-. Quizá su viaje a través del espacio ha apresurado su envejecimiento, en contra de lo que pensábamos acerca de que un hombre en el espacio se mantiene más joven que otro hombre en la Tierra.


-O tal vez –dijo Augusto, con el ceño fruncido-, ocurre lo inverso… De todos modos, las noticias no son auspiciosas. Un círculo de máquinas enemigas rodea Washington, Filadelfia, Nueva York y Boston, intentando forzar el paso hacia esas ciudades en medio de los cazas, la artillería y los tanques norteamericanos. Este conflicto está recrudeciendo. Nuestra posición es endeble, contamos con escasos elementos, y ya hay bajas en nuestras filas. Las comunicaciones están interrumpiéndose con distintas partes del mundo, y perdimos contacto con amigos de Francia, España y Gran Bretaña. Sólo América del Sur, y algunas otras regiones, permanecen intactas pues están libres de máquinas alienígenas. Aunque no sabemos por cuanto tiempo.


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lunes 23 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXVII): LAS GRANDES OBRAS DE ARTE SON SALVADAS DE LA DESTRUCCION


Su voluntad, al convocar esa junta de notables, había sido contactar a las criaturas y concertar una tregua. Pero ese fin parecía cada vez más lejano. Los invasores parecían decididos a terminar con la civilización terrícola, y poco espacio quedaba para la paz. Sin embargo, también Augusto seguía una motivación personal. Pensaba que había entrado en el ocaso de su vida; miraba hacia atrás y observaba que, más allá de haber escrito un montón de libros irrelevantes, aún no había producido una obra que lo enorgulleciera. Tampoco dejaría hijos cuando se marchara. La tarea entonces de reunir toda la historia, el arte y el conocimiento humano para ofrecer a esos seres resultaba atractiva para inyectar vitalidad en su espíritu aburrido y cansado.


Ya había empezado a escribir frenéticamente sobre Argentina, al igual que sabios colombianos, camboyanos, portugueses y egipcios hacían lo mismo con sus respectivas naciones. Con una avidez insaciable reunía fotografías, cintas magnetofónicas, videos y discos de pasta, de vinilo y de platino; formaba altas pilas en cuanto espacio de la casa tenía, apretujando libros, periódicos, revistas y folletines. El cometido adquirió en él los visos de una obsesión peligrosa, pues apenas dormía, y apenas comía; cuando se acostaba lo hacía en medio de hojas dispersas por todas partes, y cuando se sentaba al escritorio tenía que abrirse paso entre tazas sin lavar, platos pegajosos y ceniceros atiborrados de cigarrillos.


La tarde que los intelectuales volvieron a visitarlo, trajeron noticias inquietantes. Y anfitrión e invitados se reunieron en la biblioteca de la casa. En el aire pendía un placentero olor a madera, pues todo el mobiliario era de ese material.


-La armada invasora –dijo Basualdo, sin inmutarse- atacó varias bases militares en distintos puntos del planeta. Bien conocen qué puntos destruir para quebrar nuestra defensa.


-Las esferas metálicas –agregó Reis, turbada-, disparando sus rayos, estuvieron en Lisboa, Shangai, Mumbai y Dallas. Roma y Florencia están siendo evacuadas; nuestros amigos allí, quienes aceptaron formar este Consejo de Sabios, han tenido que tomar sus cosas y marcharse a lugar seguro. Incluso se habla de que el gobierno italiano trasladó muchas obras de arte para salvarlas del fuego, como La Piedad, el David y el Moisés, de Miguel Angel; y los respectivos gobiernos están haciendo lo mismo con los museos del Prado, del Louvre y Británico. La Gioconda y la Venus de Milo han sido céleremente salvadas y ocultadas.


-He descubierto varias cosas sobre los alienígenas -dijo Marconi, mientras mostraba una fotografía que encontrara en uno de los volúmenes de la biblioteca-. En primer lugar, sus naves de combate tienen el mismo diseño del primer satélite humano, el Sputnik, que los soviéticos lanzaron al espacio en 1957. Llegan dentro de las naves en forma de disco como ya pudieron observar.


-¡Es cierto! –exclamó Frontino-. Me parecía conocida la forma de sus naves.
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sábado 21 de marzo de 2009

DILE QUE HE SALIDO (4): LA VIDA EN ROSA

(Resumen: Julia se compromete, y su familia le organiza la fiesta de casamiento. Los invitados empiezan a llegar a la casa)


SOFIA (molesta con su tía)
-¿Con qué dinero vamos a viajar a Europa o a Brasil? ¡Bien sabés que no nos da el cuero para ir a esos sitios! (aparece Gustavo). Nuestra vida no es rosa, y hace muchos años (cuando me casé), aprendí que sólo las películas tienen finales felices.

LUCRECIA

-Bueno… no sé… Calculo que al menos tienen dinero para ir en colectivo hasta unas cuadras de aquí, ¿no? (ríe). Bueno… de seguro, Gustavo hará todo lo posible para sacarte esa cara de amargura del rostro, ¿no es cierto, Gustavo?

GUSTAVO (a Sofía)
-Sí; podemos ir al cine, a cenar… a la Reserva Ecológica…

SOFIA (enojada con el marido)
-¿Al cine? ¿No sabés que no me gusta el cine? Seguro vamos al cine y nos comemos un bodrio. ¿Para qué vamos a ir? ¿Para que vos te quedés dormido en la butaca y empieces a roncar mientras yo lidio con los chicos que preguntan: “cuando termina, cuando termina”? ¿Ir a comer? ¿Con qué plata? Estoy cansada de sentarnos, pedir los menús económicos y marcharnos sin postre ni café… La Reserva… ¿Vamos a ir en invierno? Me imagino una tarde de cinco grados de temperatura y un cielo tormentoso, caminando por entre los yuyales y los sauces, con los chicos, la vianda y la cámara de fotos… En fin: desde hace tiempo mi vida es tan rutinaria, tan aburrida…

LUCRECIA (a Sofía, aunque sonriendo)
-¡Pero qué difícil sos! Aunque ahora que te escucho, noto que estás cansada (de repente, triste, pensativa). Yo también en un momento de mi vida me convencí de que la mía no era la historia de Cenicienta. Entonces adopté otra postura frente a la vida. Hace años que no lloro, pues no lo necesito, y desalojé de mí candores tan naturales como la tristeza. Aunque… (apesadumbrada otra vez) de vez en cuanto ella, la tristeza, como un visitante inoportuno, llega para instalarse en mi casa. Entonces, como Alfonsina Storni en su último poema antes de echarse a dormir, me gustaría dejarle dicho: “Ah, un encargo: si llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido”. Pero la tristeza insiste, y siempre vuelve.

TERESA (con tono algo jocoso)
-No llorás porque sos una piedra… Bueno, bueno, bueno… pero ¿qué va a pensar Julita? Va a creer que a su frente tiene a tres mujeres (y dos hombres) vencidos, que no encuentran un sentido para esta sucesión de segundos, minutos y horas que llamamos “vida”…
(de pronto la carita de Julia se ilumina, sonríe y se para en medio del patio a la vista de todos)

JULIA (como hechizada)
-Para mí (ahora lo sé), la vida ya no es una sumatoria de tiempo. Y en cambio, como la Piaf, también tengo ganas de cantar que “veo la vida en rosa”, porque quien tanto esperaba llegó a mi vida. Mágicamente ha transformado todas las cosas, las ha renovado, y ha coloreado con amarillos, azules y verdes lo que antes estaba pintado de negro, blanco y gris. Pasé treinta años esperando ver el mundo color de rosa, esperando, según pensaba, contra toda esperanza. Y hoy que ese color pinta las cosas, incluso las cotidianas, sé que cuando todo se piensa perdido, algo pasa.

(hasta aquí el extracto de la novela que escribirá Marta Eloísa Carabassa)

viernes 20 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXVI): NORTE Y SUR

Mientras más máquinas del Invasor caían aquí y allá, la maquinaria bélica humana fue poco a poco revelándose inútil para derrotar al Enemigo. Aviones, tanques, misiles, cohetes, navíos destructores, submarinos y baterías de cañones, que los humanos habían usado tantas veces entre ellos, poco daño causaban a las máquinas de ese beligerante exterior. Los líderes políticos y militares de las potencias trabajaban febrilmente para inventar nuevas armas, más efectivas, pero las innovaciones que crearon pronto se estrellaron contra una tecnología superior. Los pilotos hablarían de que las esferas estaban construidas con un metal que arma alguna lograba traspasar, y los combates aéreos, por lo general, fueron adversos para el bando terrestre. Varios titanes de los invasores habían sido destruidos cuando el ataque a Lyon, Liverpool y Kiev, y todos estaban esperanzados en que el ejército de científico que trabajaba en los restos retorcidos de esos aparatos hallarían algo útil para torcer el rumbo de la guerra. Pero para sacar provecho de los hallazgos se necesitaba tiempo, algo que los estudiosos pensaban que el hombre no tenía de su lado. Todavía no veían claro que el tiempo era la principal arma con que contaban.

Cuando la prensa del mundo difundió las noticias sobre los ataques alienígenas lanzados contra Milán, Amsterdan y Camberra, la humanidad empezó a tomar conciencia de que enfrentaba su eclipse como civilización. La imagen de las esferas volando delante de la Acrópolis de Atenas tuvo el efecto de un presagio nefasto: las naves provenientes de otro mundo desfilaban por el lugar que se consideraba cuna de la civilización occidental a la que estaban derrotando.

Para coordinar la defensa mundial, los gobiernos de las principales potencias formaron con sus máximos jefes militares un Estado Mayor universal con centros de mando en Europa, Estados Unidos y Asia. La radiografía del planeta revelaba que los extraterrestres habían concentrado fuerzas principalmente en el hemisferio norte, y que pocos descensos habían ocurrido en el hemisferio sur del mundo. Entendieron que la primera voluntad de los invasores era quebrar a las naciones con mayor poder militar, y entonces empezaron a mudar tropas, barcos y armamentos hacia ese lado para guardar reservas. A poco que se dieron cuenta de ello, los primeros y mortíferos aparatos hicieron su aparición en México para iniciar el lento avance hacia América Central y Sudamérica, y empezó a cobrar fuerza la idea de que la lucha requería la sumatoria también de latinos y africanos, y de tantos otros que hasta el momento habían pertenecido a la periferia del mundo.

Mientras la agencias de noticias inundaban a Buenos Aires de télex, fotografías y filmaciones, Augusto convocó a una segunda reunión del Consejo de Sabios, aunque se preguntaba si aquella comunidad de pensadores seguía conservando una razón de ser.


Continúa el martes 24 (mañana, Dile que he salido)

jueves 19 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXV): LO QUE HAY MAS ALLA DE LAS ESTRELLAS


Las siguientes citas que convino no fueron mejor que la primera. En pocos días desfilaron Fernando Sanmaniego, un jovencito apuesto, pero muy tímido, que dijo ciento treinta y cinco palabras en los tortuosos cuarenta y cinco minutos que duró la cena, hasta que ambos, desencantados, se levantaron y volvieron a sus casas sabiendo que nadie volvería a saber del otro. Mariano López, un muchachito encantador que conoció en una disco y que le hizo vivir un repentino enamoramiento que duró veinticuatro horas: tras despedirse, el joven (que había proyectado un sinfín de planes juntos) le aseguró que la llamaría al siguiente día. Camila se acostó pensando en él, pensando en él se levantó al siguiente día, y por estar pendiente de él no salió de la casa esperando el bendito llamado. Después de haber llamado a la telefónica para verificar que su celular anduviera bien, tuviere señal y hasta crédito por si Mariano llamaba de un público, y de haber constatado cuarenta y tres veces el maldito aparato para saber si no había quedado una llamada perdida, cayó en la cuenta de que no el susodicho no iba a llamarla nunca y lo mandó mentalmente a paseo. El traspiés bien le sirvió con el siguiente que hizo lo mismo.

Cuando un nuevo candidato canceló cuatro veces un café interponiendo (en este orden), cansancio, que había llegado un amigo de Sri Lanka, Córdoba o quien sabía de donde, que su perra pekinés de nombre Pirucha estaba con diarrea y que necesitaba un cerrajero porque había salido de su departamento pero dejado la llave adentro, la ira la dominó y sin pelos en la lengua le dijo por celular una cadena de insultos.

Y mientras el espacio donde brillan 6.000 estrellas, cinco planetas, la Luna y tres galaxias, seguía descargando sobre la lastimada Tierra su carga de bólidos conducidos por criaturas desconocidas, en Camila la furia inicial se transformaba en pena, y empezaba a echar de menos a Guido.

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miércoles 18 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXIV): EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE GUERRA


La tarde que Camila arregló una cita con un desconocido, que había conocido en el chat, se vistió, se arregló con especial esmero y salió camino del encuentro. Hasta la conversación con ese extraño su ánimo había estado alicaído; había pensado toda la mañana en Guido (como hacía en cada minuto, de cada hora, de cada día por más que afirmara que lo odiaba). Finalmente había buscado conocer a alguien, no sólo para desquitarse de su ex prometido, sino también (luego lo sabría), para mitigar su dolor. La soledad podía encontrarla cara a cara con ella misma, con su vacío y con su dolor; en cambio si llenaba el espacio, ocupaba la mente y el corazón, se representaba que mejor sobrellevaría la pena.

La cita era en un café en el centro, en la esquina de las avenidas de Mayo y Callao, a la sombra del palaciego edificio del Congreso. Estuvo allí a la hora arreglada. Había tardado sesenta minutos en llegar desde la casa de su tío en el barrio de Villa Luro, cruzando la ciudad, y bien había deplorado vivir tan lejos del centro. Algún día abandonaría la lejana y aburrida casa del anciano para instalarse en un barrio más céntrico. A su arribo sondeó las caras y las ropas de los dos o tres hombres que esperaban en la esquina, pero descubrió que ninguno encajaba en las características del candidato. Sí: no conocía la cara de quien debía estar ahí o llegar, pues no habían intercambiado fotografías. En un arrebato que la había llevado a imaginarlo alto y buenmozo, había convenido rápidamente el encuentro después de dos horas de plática escrita, sin que pensara que fuera necesario más preámbulo. Presuntamente se llamaba Segundo, tenía unos treinta años, se decía intelectual, soltero y profesional, e iba a presentarse vestido de traje negro.

Dirigió una mirada a la sede del parlamento nacional con su cúpula, tan solemne, tan imponente, y recordó a las naves del espacio, pues una de ellas había sobrevolado el edificio cuando su paso por Buenos Aires. Recordó que en la radio había escuchado que escuadras norteamericanas estaban atacando a uno de naves invasoras, y que las máquinas alienígenas habían sufrido reveses en Inglaterra y en China. Sí; no había de qué preocuparse. De seguro las potencias derrotarían a esas criaturas, y todo acabaría. Cuando terminó de pensar esto, un hombre de unos cincuenta inviernos, calvo y altísimo la volvió a la realidad diciéndole: “Hola, tu serás Camila; yo soy Segundo”.

Al rato, una desilusionada Camila estaba sentada a una mesa junto a la ventana con ese desconocido que no paraba de hablar. Sabría que Segundo le había mentido respecto a la edad, y que no tenía treinta años sino cincuenta. Sabría que Segundo también la había engañado respecto de su estado civil, pues en realidad, estaba casado en segunda nupcias (después de un divorcio escandaloso), y tenía tres hijos grandes. Y sabría al final que Segundo tampoco era Segundo, porque en realidad se llamaba Bautista. Sin embargo, no alargó demasiado ese tormento. Cuando a la hora el hombre fue al baño, ella tomó sus cosas, pagó su parte de la cuenta y se marchó.

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martes 17 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXIII): LOS PRIMEROS EFECTOS DE LA INVASION

(Resumen: el hombre ha derribado una nave proveniente de otro mundo, y los visitantes lanzaron en respuesta su invasión a la Tierra. Entre tanto, Buenos Aires espera).


Mientras nuevas naves llegaban a la Tierra y se desparramaban por ella, presidentes, reyes, generales, almirantes y brigadieres hacían planes, clasificaban la información llegada de distintos países y movían fuerzas aquí y allá como si el mundo se tratara del tablero de un juego de estrategia. Se afirmaba que gigantescas esferas se aproximaban a Roma, a San Petersburgo y a Richmond, que la situación de Moscú era comprometida pues un círculo de máquinas rodeaba a la capital rusa, y se reportaban nuevos descensos de aparatos en Canadá, Arabia Saudita y China. Un coro de detractores, en tanto, criticaban que la guerra se debía a la hostilidad del hombre que había atentado contra los alienígenas, y agotaban esfuerzos para lograr una tregua. Y algunos filosofaban que si el hombre, a lo largo de su historia, no había mostrado reparos con sus semejantes, y desatado guerras y conquistas destructivas, mejor trato no podían esperar seres llegados de otro mundo.

A medida que iba trazándose el mapa de la invasión, quedó de resalto que no quedaría cultura sin involucrar, y muchos líderes creyeron que había llegado la hora de resignar diferencias y unir los esfuerzos de todos los países y comunidades. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que los escollos nacionales no eran tan fáciles de obviar, y se imaginaron que los invasores bien conocían esa debilidad humana. En consecuencia, la falta de unidad podía obrar en contra del hombre y facilitar la destrucción de su civilización.

En lo inmediato observaron de qué modo el ataque iba teniendo sus primeros efectos en la forma de vida terrestre antes que en su resistencia bélica. Las bolsas financieras empezaron a desplomarse sin trabas; grandes contingentes de personas huían de ciudades y pueblos ante la proximidad de naves, y pugnaban por la apertura de las fronteras. Mientras tanto, las esferas avanzaban más y más.

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He sido nominado en el blog de Briks, "Atrapado en esta roca polvorienta" (http://soybriks.blogspot.com/) como mejor blog de relatos. Agradezco a quienes me hayan postulado y a Briks por organizarlo. Fue una gran sorpresa. Hasta el 2 de abril hay tiempo para votar al ganador de este y otros rubros enviando un correo a briks04@hotmail.com.

lunes 16 de marzo de 2009

DILE QUE HE SALIDO (3): EL NOVIO DE LA HIJA


LUCRECIA
-Estuve ahorrando todo el año para estas vacaciones… Pero no tenemos suerte… Para peor, con la crisis, a Gustavo lo suspendieron esta semana en el trabajo… Y, sobre llovido, mojado: tenemos que renovar el contrato de alquiler del departamento, ¡y no tenemos dinero para el depósito!

TERESA
-Pero, ¿no habías entregado el adelanto para una casita?

GUSTAVO

-Sí: pero resulta que la agencia a la que le entregamos el dinero no cumplió en darnos la propiedad en el tiempo que prometieron. Y cuando fuimos hace tres semanas a reclamarles, encontramos que la oficina estaba vacía, sin muebles ni gente, con las boletas de impuestos tiradas en el suelo señal de que hacía tiempo nadie pasaba por ahí. Y el portero nos dijo que la policía se los había llevado a todos por estafa.

LUCRECIA (cansada del relato de tantos infortunios
).
-Bueno, bueno, bueno… ¿Por qué no hablamos de cosas alegres? Además, ¿por qué tanta tristeza en ese rostro? (a Sofía). Tendrías que estar feliz: aún no tenés que pagar por respirar; te queda… algo de juventud… Aunque se ve que con tanta malasangre innecesaria la estás perdiendo: mirá, ya tenés canas en el pelo y arrugas en la cara… Pero (mirando a los niños de Sofia): ¡qué hermosas criaturas! La verdad te salieron bien bonitos, rubios y de ojos claros, aunque Gustavo y tú son morochos y de ojos negros… La verdad, da para pensar si son de tu esposo (y ríe, aunque el chiste no le hace gracia ni a Sofía ni a Gustavo).

TERESA (tratando de cambiar de tema)
-Bueno, bueno, bueno… Dejemos de lado las preocupaciones, porque hoy es un día especial. ¡Hoy se compromete Julita! (A Julia). ¿No es cierto que estás rebosante de dicha porque te comprometés? A ver: ¡una sonrisita! (como Sofía no sonríe, su madre insiste). ¡Una sonrisita, carajo!... Los hombres y los niños vayan al comedor, mientras las mujeres hablamos entre nosotras (coge a Sofía y a Lucrecia del brazo y empieza a caminar con ellas, mientras Julia, callada, las sigue detrás, a unos pasos).

LUCRECIA (hablando en vos baja para que no escuche Julia).
-Che, ¡contame! ¡contame! ¿Cómo es el novio de Julita?

TERESA
-La verdad; agradezco que haya aparecido este roto para casarse con ella. Tiene cara de opa, pero vamos a ser francos: ¡ella no está en situación para pretensiones! ¿O iba a seguir esperando el príncipe azul?... La verdad que yo ganas de hacerle una fiesta no tenía. Pero era la única forma de recaudar regalos para la boda. Aunque a decir verdad, che: ¡ustedes no se jugaron demasiado con los regalos!

SOFIA (igual de depresiva que siempre)
-Para mi boda los únicos regalos que recibimos fueron una maceta de un “Todo por dos pesos”, una manguera para regar un jardín que jamás tuvimos, y un juego de toallas que no secan.


LUCRECIA (a Sofía)
-La verdad me causa un poco de envidia saber que venís del mar. Hace tanto que no salgo de vacaciones... (intentando dar lástima). Un día (sonriendo otra vez) podríamos organizar e ir todos juntos a algún lado. Me encantaría conocer la torre Eiffel en París, Puerta del Sol o las Cibeles en Madrid;… el Corcovado en Río de Janeiro… el Coliseo…

TERESA (entusiasmada)
-¡El Coliseo! Está en París, Francia, ¿no?

LUCRECIA
-En Roma, Italia.

TERESA (asombrada)
-¿Cómo? ¿Lo cambiaron de lugar?

Continúa sábado

domingo 15 de marzo de 2009

DILE QUE HE SALIDO (2): LAS VACACIONES DE SOFIA


LUCRECIA (mostrando falsa felicidad)

-¡Qué bueno! La casa se agranda… Aunque (a Teresa) no te imagino, con tu carácter, lidiando con los niños cuando vengan los bebés… Espero que tus hijos hablen más que vos (a Julia)… Es un chiste (ríe) Pero ¡qué bueno que te comprometas! Yo, en cambio, no tuve tu suerte ni la de tu madre (ahora, triste).

TERESA (irónica)
-¡Candidatos no te faltaron, querida! Pero en todos buscabas la quinta pata del gato… Además (y disculpá que te lo diga), pero ¡tenés un genio bastante podrido!

LUCRECIA (ocultando que la afirmación le había dolido)
-Bueno, en realidad yo no me casé con el primero que se me cruzó como hiciste vos por miedo a quedarme sola… Aunque en cierta etapa de mi vida debí haber reconocido que si ya no había conocido el amor, no iba a conocerlo en adelante. Debí haber sido práctica, y haberme satisfecho con tener una compañía en la vejez… Pero bueno, hablemos de lo que va a pasar hoy. De seguro vendrá el resto de la familia. Y amigos de tu hija, y amigos del novio. Le verdad, te digo: dudé en venir porque no me agradan las reuniones con mucha gente…

TERESA
-Van a venir todos (y se acerca a Lucrecia para susurrarle). Hasta el hijo de Aurora, la hermana de Eduardo… Vos sabés que él no quiere a su sobrino, así como tampoco lo quiere su padre… (suena el timbre: Teresa y Lucrecia caminan hacia la puerta. Son Sofía, hija de Teresa, su esposo, Gustavo, y los hijos de ambos, Tadeo y Rocco).

SOFIA (inexpresiva, vestida sencillamente, y con el rostro enjuto).

-¿Cómo estás, mamá?

TERESA (intentando levantarles el ánimo)
-¿Cómo están? ¿Cómo les fue en Mar del Plata?

SOFIA (sin alegría)

-Más o menos… Llovió casi todos los días; los días que estuvimos en la playa me molestaron la arena, el sol y el viento; como no llevamos protector solar y salía caro comprar uno, me quemé todo el cuerpo, y por dos noches no pude dormir; anduve en la playa tapada porque tengo vergüenza de mostrar el cuerpo y, además, tenía frío; la única vez que me metí en el agua, casi me ahogo; tuvieron que sacarme los guardavidas, aunque tardaron en darse cuenta a pesar de que estaba gritando y haciendo señales en forma desaforada desde hacía varios minutos… A mí no me gusta la playa, pero no teníamos dinero para ir más lejos…

LUCRECIA (sonriendo)
-Pero ¡qué vacaciones maravillosas! Al menos… los lobos marinos no se habrán asustado de verte (ríe).

SOFIA (desencajada)
-Fuimos a comer en un restaurante libre, y me dio tal pataleta al hígado que estuve dos días en el hotel vomitando. Cuando me repuse y quise salir a algún lugar para divertirme, entramos en un boliche sin saber que... era de homosexuales. Para colmo, Gustavo perdió la billetera, y los últimos tres días no tuvimos dinero siquiera para comprar una docena de facturas… Tuvimos que volvernos en tren porque era más barato: ¡doce horas viajando! Porque, no sé que pasó, y estuvo parado dos horas a la altura de Pinamar…

LUCRECIA (mordaz)
-La verdad que será una felicidad ir de vacaciones contigo, Sofía. De seguro a tu lado se aprende lo que es la buena vida…


Continúa mañana lunes

sábado 14 de marzo de 2009

EL BANQUETE (DILE QUE HE SALIDO) PRESENTACION


"EL BANQUETE (DILE QUE HE SALIDO)"
Un reencuentro 20 años después, la ocasión
para hacer un repaso de la vida y saldar viejas deudas

viernes 13 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXII): LA MALVADA


Desde su llegada a Buenos Aires no había hecho más que tejer y destejer planes en torno de su ex prometido. En su ciudad natal habían quedado un traje de novias por la mitad, unas cuantas invitaciones anuladas, un sinnúmero de regalos de compromiso que no pensaba devolver y un sinnúmero de bocas que, al enterarse, habían dicho: “Pobrecilla”. Aunque otras se habían alegrado y afirmado: “Se lo merece. No soporto a esa Camila. De vez en cuando los malos reciben su merecido, y ella recibió el suyo. Además, iba a hacer infeliz al muchacho”. Quizá los pasos siguientes que ella diera confirmaran que se trataba de una mujer poco menos que mala, y sólo unos pocos las justificarían.


Apenas instalada en la casa de su tío, había llamado a Guido con una excusa para que supiera que ella también estaba en Buenos Aires. Por supuesto, se había mostrado entera y despreocupada, para hacerle sentir que no le había importado gran cosa terminar con él. Y pensó que había logrado su primera victoria cuando él deslizó que estaba algo arrepentido. En verdad, en Camila la bronca se había instalado en el lugar de la pena. Continuar con su estrategia le significaba mantener la cabeza fría para hechizarlo, atraerlo y rechazarlo premeditadamente, de modo de cobrarse la deuda. Y aunque interiormente la habría emocionado cualquier arrepentimiento sincero y hasta la posibilidad de recomponer las cosas, rápidamente retroalimentaba su furia para alejar de sí cualquier rapto de debilidad. Por supuesto el plan iba a ser incompleto si no conseguía con celeridad a un nuevo prometido que enrostrarle de modo de mellarlo y apresurar cualquier retorno. Y rápidamente se puso a obtener uno, cual fuera.

Continúa martes 17

jueves 12 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XXI): LA LLEGADA DE MAS NAVES

En la mañana del siguiente día, desde temprana hora, todos los porteños se lanzaron a las calles reclamando los periódicos. Se sabía ahora que lo que había ocurrido en ese paraje remoto de Europa estaba repitiéndose en otras partes del mundo. Y todos reconocieron la táctica de los invasores. Después de que el hombre había abierto fuego contra sus máquinas, se habían retirado pero sólo para aguardar la llegada de otras naves y preparar el asalto. Se decía que el espacio próximo a la Tierra estaba infestado de gigantes, pues allí se habían concentrado. La noticia no había sido difundida por las autoridades para no esparcir el terror, pero ahora era una verdad que no valía de nada ocultar. En las últimas horas titanes de metal habían descendido en Japón y en Canadá, en Francia y en Grecia, en India y en Turquía, y los informes eran unánimes; cualquier resistencia allí había sido aplastada, y ya había pueblos de los que sólo quedaban restos humeantes.

Buenos Aires estaba convulsionada; aquí y allá, tanto en el suntuoso Barrio Norte como en el distante Liniers, en Caballito y en San Telmo, se hablaba de las esferas, de sus rayos enceguecedores y del ruido sibilante que los acompañaba. Y mientras en la Casa de Gobierno las autoridades evaluaban la situación mundial, armaban un mapa con los lugares que habían reportado presencia de invasores y conjeturaban en cuanto tiempo tendrían a los aparatos voladores sobre sus cabezas, Augusto hacía lo suyo con los miembros del Consejo de Sabios. Bajo la mirada atenta y preocupada de Agustín, hablaba por teléfono con intelectuales de otras partes de América del Sur. Quizá, a pesar de los combates, podrían hacer algo por restablecer la paz.

Sí; todos en la ciudad, aunque se encontrara lejos del frente, ya mostraban inquietud y gran temor porque ningún sitio del planeta se vería libre de la guerra. Sin embargo, había también quienes afirmaban que la maquinaria bélica humana le causaría gran daño a los alienígenas. Además, ¿por cuanto tiempo una civilización venida de lejos podría sostener la invasión si ésta se prolongaba? De resultas, todos estaban más o menos preocupados, salvo Camila.

DUELO DE CIVILIZACIONES (XX): LA FLOTA INVADE LA TIERRA

Augusto quedó anonadado, y abrazó por primera vez en la vida a un sobrino aterrado mientras veían las imágenes que las cámaras de la televisión, colocadas a la distancia, captaban desde el frente.


Como es comprensible, una oleada de terror se expandió por todo el mundo, y conmocionó a chinos, ingleses y pakistaníes, a mexicanos, nicaragüenses y libaneses cuando la televisión transmitió las imágenes de las naves barriendo con las milicias, los tanques, las baterías y los furgones que se habían dispuesto en derredor. Mientras los platillos permanecían inconmovibles e intactos, las esferas disparaban rayos fulminantes contra toda la maquinaria bélica que los hombres, inferiores en tecnología, habían movilizado. Aquí y allá, todo eran explosiones. Tanques y cañones volaban por los aires, e igual suerte corrieron los misiles disparados contra los monstruos: interceptados por los rayos antes de dar en el blanco, desaparecían en el cielo. Cuando les tocó en turno a los aviones, los aparatos no tuvieron mejor destino: ninguno volvió a las bases de los que habían salido, y ninguno causó el menor daño a los aparatos invasores. Las milicias intentaron un acercamiento, pero fueron exterminadas.


Durante todo ese día la prensa no dejó de escupir noticias inquietantes. Se hablaba de miles de soldados en retirada por los caminos con equipos, pertrechos y blindados, alejándose del foco donde aún un reducido número de efectivos intentaba resistir y cubrir la retaguardia de los que huían. Hacia el final de la jornada todos supieron que las esferas, sin un rasguño, se habían abierto paso a través del fuego y del humo, superado el hueco donde se los había intentado mantener, y avanzaban, avanzaban. El hombre había fracasado en repeler a los invasores, y había perdido la primera batalla en la guerra contra otra civilización. Y las novedades fueron más inquietantes cuando se conoció que grandes máquinas y esferas, en una cantidad que se ignoraba, descendían en distintos puntos del planeta.

miércoles 11 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XIX): LA BATALLA CONTRA LAS MAQUINAS EXTRATERRESTRES

La casa de Augusto estaba situada en el barrio de Villa Luro, a veinte manzanas de la ancha avenida General Paz, límite de la ciudad. Se trataba de un vecindario tranquilo, de casa bajas, alejado de la efervescencia del centro. Estaba unido al corazón de Buenos Aires por la avenida Rivadavia, una arteria de más de doce kilómetros de largo que cortaba a la capital en dos. Desde hacía diez años la picota derribaba antiguas casonas y ejércitos de albañiles levantaban chalets y edificios modernos en su lugar. Todavía allí las noches eran tranquilas; todavía se podía oler aromas de jazmines y madreselvas al pasar ante el jardín de una casa Aún podían verse a las estrellas titilando en el cielo, y el firmamento aparecía salpicado de diminutas pintas, sin que las devorara la luminosidad de las marquesinas, las anchas avenidas o las torres del núcleo de la metrópolis.

Cuando su sobrino hizo aparición, el viejo abandonó la computadora, caminó hacia la terraza y ahí se quedó abstraído, pensando, pensando. Por vez primera pareció que la presencia del muchacho no le molestaba. El televisor estaba encendido a sus espaldas, vigilando lo que ocurría con los grandes aparatos en la lejana Europa. El cerebro del anciano trabajaba tratando de dilucidar la razón de esa quietud, intentando descubrir por qué gran parte de la flota se había replegado. Y alzó la vista hacia el cielo como buscando la respuesta.

-Se fueron –apresuró Agustín a decir-. Pero ¿por qué dejaron esas máquinas?

Entonces, como alcanzado como una revelación, Augusto habló.

-Algo se esconde –anunció con asombrosa calma-. Algo se prepara. Esas naves esperan, esperan. Algo ocurrirá.

En el siguiente minuto sonó una explosión en la sala; se volvieron hacia el televisor, y vieron que algo había impactado contra una de las grandes máquinas. Y vieron que las esferas de metal disparaban rayos contra el ejército que las atacaba. Y vieron que la verdadera guerra comenzaba.

lunes 9 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XVIII): EL MUNDO EN ESPERA


Parecía que los dos gigantes se hubieran detenido para esperar. Allí se quedaron mientras las más sofisticadas máquinas de guerra humanas y miles de soldados los rodeaban, y los tanteaban, y los sobrevolaban. Los cuerpos relucientes estaban inmóviles, sin señales de vida en su interior. Tres esferas brillantes (las que Augusto pensó naves de combate) permanecían en las adyacencias como centinelas, vigilando los movimientos que ocurrían en torno. Las bolas tenían un orificio a modo de un ojo, y en la noche despedían una luz intensa. La franja luminosa repasaba los alrededores, y se detenía en las armas, en los soldados y en el gentío que iba engrosándose.


No obstante lo anterior, los porteños no abandonaron el ritmo normal de sus vidas, y se comportaban como si no ocurriera algo malo. Augusto dirigió una mirada al edificio del Congreso de la Nación, y se preguntó si ese palacio no iba a volver a ver a las máquinas extraterrestres. Algo en su interior le contestó que si. Al pasar y en los cafés, oyó comentarios sobre la apariencia de los visitantes y los aciagos hechos ocurridos: “no son tan indestructibles e invencibles como suponíamos”, “¿cómo pudimos destruir una de sus naves?”, “es el final del mundo”, “se marcharon y no volverán”, “¿por qué quedaron esas naves allí?”, fueron expresiones que escuchó. Entretanto los televisores en las vidrieras de los negocios, en los restaurantes y en cualquier sala de espera, mostraban, en directo, imágenes de las naves reunidas en Europa.


La misma tranquilidad que sentían quienes abarrotaban las calles céntricas, experimentaban quienes caminaban por las avenidas y calles de los barrios más alejados como Flores, Mataderos o Liniers, cuyos residentes no habían visto sobre sus calles a los aparatos. Augusto regresó apurado a su casa, se puso frente a su ordenador e intentó contactarse vía Internet con sabios de otras partes del mundo. A su lado esperaban los primeros capítulos de esa novela que no esperaba terminar. Otros intelectuales estaban trabajando en otras partes del mundo para reunir información y registros sobre miles de años de cultura, ciencia e historia de la Humanidad, dialogar con gobernantes y tratar de comunicarse con los visitantes. El Consejo de Sabios, en pocos días, había logrado la integración de trescientos cincuenta y tres artistas, científicos y pensadores, y ya estaba reconstruyendo la historia de naciones existentes y de civilizaciones desaparecidas y recopilando obras de todas las artes. Las computadoras trabajaban día y noche, copiando la grafía de más de 7.000 idiomas y dialectos que los humanos hablaban, grabando en grandes discos su pronunciación, y clasificando miles de fotografías de distintos sitios de la Tierra. El “Libro de la Tierra”, como lo llamaban, iba a ser el testimonio más completo, jamás escrito, sobre el planeta y su especie predominante, el hombre. Pero algo en su corazón le advertía que el tiempo se agotaba, que esa era una carrera contra reloj. Y cuando más necesitaba ese tiempo, apareció su sobrino para interrumpir su labor.

domingo 8 de marzo de 2009

FELIZ DIA, AMIGAS

Una amiga, Kuoremio (http://kuoremio07gmailcomar.blogspot.com/), que te asombrará con sus relatos y en especial con sus finales, me hizo este regalo.


Y lo comparto en este día tan especial

FELIZ DIA DE LA MUJER A TODAS QUIENES LLEGAN A ESTE BLOG
He vuelto del mar y al trabajo. Los estoy visitando.

DUELO DE CIVILIZACIONES (XVII): LAS NAVES DETENIDAS

En los días siguientes llegaron a la ciudad noticias alarmantes provenientes del hemisferio Norte. Esta fue la primera plana en el diario Clarín:

“Esferas destruyen pueblos y milicias en Italia y Francia. El ejército alemán ofrece resistencia y habría destruido varias naves de los alienígenas”.

Frenéticas manos se llevaban los ejemplares del periódico, como suele ocurrir al día siguiente de la final de un Campeonato Mundial de Fútbol, de un clásico River-Boca, o de una elección presidencial. Las novedades eran demasiado inquietantes, aunque también dejaban a las claras que las máquinas invasoras no eran indestructibles. Sin embargo, en Buenos Aires persistía la idea de que las cosas no iban a pasar a mayores. Además, nadie podía asegurar que la humanidad se encontrare ante una guerra contra otra civilización. Menos podía aseverarse que de haber tal lucha, los hombres divididos en Estados y banderas, lograran unirse para enfrentar a un adversario común. Incluso, tras unos breves días de paz mundial, en muchas partes los hombres habían vuelto a sus guerras domésticas. Sea como fuere, de seguro las autoridades de distintas naciones estaban moviéndose con desesperación para una tregua. Y los porteños vieron confirmados sus pareceres de que todo terminaría pronto cuando las agencias de noticias desparramaron la novedad de que, en lo que parecía una retirada general, las grandes máquinas abandonaban las ciudades.


Sí: los gigantescos cuerpos mecánicos se retiraban, pero el hecho dio lugar a lecturas encontradas. Aunque algunos leyeron un desistimiento de la empresa, hubo quienes pensaron que una civilización más poderosa y en extinción no iba a renunciar tan fácilmente a sus propósitos. Los cielos de Roma, Sidney, El Cairo, Berlín y Tokio estaban despejados otra vez. Sólo restaban las naves que había en el centro de Europa (donde se combatía), en el corazón de Asia y en los desiertos de Estados Unidos. La mirada de los hombres se dirigió hacia esos tres focos; sólo en uno (el europeo) había actividad. En los otros dos, las máquinas estaban quietas y mudas. Al final, las naves en Europa de detuvieron también y dejaron de destruir en derredor. Pronto los norteamericanos enviaron milicias y aparatos de guerra al desierto; rusos y chinos los imitaron en Asia; y franceses, alemanes e italianos hicieron lo suyo con las naves que les competían.


Miles de millones de televidentes y cibernautas, en consecuencia, estuvieron pendientes de lo que ocurría en los últimos tres sitios donde quedaban las criaturas. Y especial atención prestaron a un sitio remoto de Europa donde los titanes de metal que habían causado destrucción ahora estaban paralizados, como expectantes. Y Augusto tuvo el presentimiento de que algo nocivo se escondía detrás de esa quietud.

sábado 7 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XVI): UNA GRAN ARAÑA

Buenos Aires estaba conmocionada con las noticias que llegaban del norte, y los porteños agradecieron no tener una nave sobre sus cabezas. En realidad, después de la partida del disco volador que pendía sobre San Pablo, en Brasil, ninguna máquina quedaba en América del Sur y en América Central. De resultas, ninguna presencia extraterrestre restaba al sur de México, aunque algunas naves deambulaban por América del Norte, y los habitantes de Buenos Aires se tranquilizaron pensando que el epicentro de los acontecimientos estaban demasiado lejos. Por tanto, no se alarmaron en demasía. Tampoco se alarmó Camila.

Desde su llegada a la ciudad del puerto sólo había tenido pensamientos para desquitarse de su ex prometido. En su interior las cosas estaban confusas. Aunque no lo reconocía, quería recuperarlo porque aún lo amaba (y estaba segura de que él la quería también). Pero asimismo pretendía reconquistarlo para tenerlo en una mano y retorcerlo, estrujarlo y estirarlo como un muñeco de plastilina. El plan era sencillo: lo atraería, sería más encantadora de lo que había sido jamás; despertaría celos en él alternando con cuanta víctima se le cruzara y le haría pensar que ella había cambiado. Y cuando regresara para recomponer las cosas con Camila, ésta le haría conocer que todo había sido una estratagema, que lo despreciaba y lo despacharía sin miramientos. Sería una viuda negra que, una vez con la presa, lo emponzoña y acaba con ella; o como una mantis religiosa, de apariencia inquietante, criatura calculadora e inescrupulosa si las hay, que después del sexo devora al macho.

Debía por tanto conseguir un nuevo prometido. Cuando lo tuviere, Guido pensaría entonces que ella, ligera como el viento, había conseguido sin pena otro galán, y a él lo había mandado a olvido con dolorosa rapidez. Así lo aguijonearía. Camila se mostraría, por supuesto, satisfecha junto a su nuevo amante, rebosante de dicha, y de este modo apuñalaría su corazón. Cualquiera habría asegurado que alguien debía ser demasiado maquiavélica, demasiado pérfida para desplegar un plan semejante. Pero Camila podía serlo si se lo proponía. Y tejió su telaraña para la trampa.

viernes 6 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XV): HORAS DESESPERADAS

Durante todo ese fatídico día, los medios de comunicación no hablaron más que del ataque a la máquina extraterrestre, la rápida respuesta de la flota espacial y la contraofensiva de los humanos. “¡Guerra! –proclamaba la placa de un canal sensacionalista de televisión-. Un misil derribó a uno de los platillos en Europa. Dos pueblos desaparecieron”. Circulaban noticias de escaramuzas de aviones y de parajes arrasados hasta la raíz por las esferas de metal, aunque su autenticidad era dudosa. Ocurrían reuniones desesperadas en lugares lejanos del frente de batalla; en la Casa Blanca, en Washington; en el Palacio de la Moneda, sede del gobierno chileno; en 10 Downing Street, residencia del Primer Ministro británico; y también en la Casa Rosada, en Buenos Aires. Si una guerra había empezado, no era a gran escala, sino que todavía estaba circunscripta a un rincón del mundo. Varios líderes políticos tanto como religiosos, estaban agotando esfuerzos para que lo que ya era grave no se transformara en una conflagración mundial entre planetas, pero los informes sobre los primeros enfrentamientos eran demasiado desalentadores.


Augusto y los reunidos en su casa estaban expectantes y más que todo, desilusionados. La idea del obsequio para las criaturas se había desvanecido en el mismo momento en que la paz había sido asesinada. El hombre había disparado el primer tiro; ahora las cosas estaban creciendo en magnitud y era probable que la civilización terrestre llevara la peor parte en una guerra. El Consejo de Sabios moría en el mismo momento de nacer. Si la idea de su formación había sido crear, desde Buenos Aires, una red universal de pensadores y científicos que poner en manos de los visitantes un compendio con todos los hechos y las obras del hombre, el etéreo motivo se había desvanecido cual tormenta estival.


-Ya no tiene sentido que nos esforcemos –expresó Highton.


-¿Qué nación o grupo habrá perpetrado este crimen? –interrogó Frontino, espantado.


-El futuro de la humanidad es sombrío –sentenció Rosales-. De haber guerra, su ciencia pulverizaría nuestros ejércitos y nuestras mejores armas en minutos, dejando indefensos ciudades y naciones enteras.


Sin embargo, Augusto tuvo la inspiración para redefinir el objetivo de la comunidad de sabios.


-Por el contrario: dadas las cosas, quizá somos más necesarios que antes.


Todos lo miraron con estupefacción.


-Mientras las partes se preparan para enfrentarse, nuestra misión será acercarlos para la paz. Una pelea contra una civilización más avanzada sería nuestro fin. Después de haber abierto el fuego no queda cordura; cada antagonista recela del otro, arma su estrategia para golpear al enemigo, y dentro de un tiempo nadie recordará como empezó todo… Pero quizá un grupo de sabios de todo el mundo puedan detener esta destrucción y lograr un trabajo mancomunado entre los hombres y estas criaturas, para el beneficio mutuo.


-Es difícil imaginar que quede lugar para esa esperanza después de lo ocurrido –dijo Reis, con pesimismo.


-Pero debemos intentarlo –contestó su marido-. Además podríamos aprender mucho de ellos. Hay que empezar hablando con gentes de todas partes, y luego intentar llegar a estos seres.

jueves 5 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XIV): EMPIEZA LA GUERRA

Los primeros y frenéticos informes hablaban de que la nave destruida había sido alcanzada por un proyectil, presumiblemente, un cohete o un misil, aunque no había certezas. Nunca se sabría con precisión quién había atacado a los Visitantes y por qué. Algunos echarían culpas a alguna potencia disconforme con esa ostentación de tecnología o con las aparentes condiciones que traían los habitantes del espacio; a alguna nación que se sentía amenazada; y hasta hubo quienes hablaron de un accidente.


Sea como fuere, la respuesta de los alienígenas no se había hecho esperar. Otras dos naves, en otras partes de Europa, habían pulverizado un par de poblados. Se decía además que una docena de aparatos esféricos de color plateado y agujas erectas como las de un puercoespín, recorrían los aledaños a esos pueblos y la costa del mar Mediterráneo destruyedo todo lo que encontraban a su paso. Si había existido diálogo entre ambas civilizaciones, el primer disparo había plantado el silencio, un silencio de muerte.


Quienes estaban en el comedor de la casa de Augusto Robillard miraban anonadados la imagen de la explosión del platillo que la televisión repetía vez tras vez. Más perplejos quedaron cuando supieron que dos naves de la gran flota, en represalia por el ataque de los hombres, habían abierto fuego. Y la perplejidad inicial se transformó en espanto cuado oyeron que varias naciones europeas ya habían despachado oleadas de aviones de guerra con la orden de destruir a las naves espaciales agresoras, grandes y pequeñas. Había movimientos de tanques, de buques de guerra, submarinos, blindados y tropas en todo el mundo, y millares de soldados apuntaban con sus fusiles a los discos en aquellos lugares donde todavía había calma. En realidad, desde su aparición las naves habían sido rodeadas por un círculo de militares y policías, aunque estas fuerzas se habían cuidado de abrir fuego para no causar daños en los civiles que vivían bajo la sombra de los discos. Pero ahora las cercanías y lo bajo estaban siendo evacuados para empezar el desalojo de los invasores.


Lo que más sorprendió fue la actitud dispar de las restantes naves de la flota visitante. Se supo que los aparatos ubicados encima de Tokio, Sidney y Los Angeles habían abierto fuego contra esas metrópolis, y que allí las naves esféricas habían destruido varios edificios. En cambio, las grandes naves habían abandonado París, Moscú, Nueva York y San Pablo, y se habían marchado hacia el espacio, en tanto las que estaban sobre México, Roma, Nueva Delhi y Londres seguían allí, mudas e inmóviles a pesar de los preparativos que ocurrían abajo.

CUMPLEAÑOS, PREMIOS, MEME Y OTRAS YERBAS

HOY ES MI CUMPLE NRO. 36. GRACIAS POR ACOMPAÑARME

Meme

1-Crear un link con la persona que te da el premio: http://argentinatoycollector.blogspot.com/

2-Decir 7 cosas extrañas/raras/diferentes sobre tí y tu personalidad en el blog:

a) No se por qué, siempre tuve como amigos a las personas de personalidad más rea y difícil que existen.
b) Nunca aparenté la edad que tengo.
c) En la secundaria me llevé durante dos años a diciembre, marzo y luego previas a Educación Física.
d) Pensé ser sacerdote alguna vez.
e) Presentí un terremoto tres días antes que pasara (estaba yo en la ciudad donde pasó)
f) Soy hijo único, mis papis son grandes y mi familia es pequenísima.
g) Hice natación -obligado en el colegio- por 5 años: pero no sé nadar.


3-Mencionar 7 personas invitándolas a participar del Meme y crear un link hacia sus blogs:
Se los paso a todos los que pasen por aquí.

PREMIOS


1) El primero de mi amigo JUANOS (http://juanoshome.blogspot.com). Es un chico divertido y muy bonachón. MUCHAS GRACIAS!!!!


2) De PASSION (/http://passionendosruedas.blogspot.com/): el nombre lo dice todo, es apasionada indiscutiblemente.


3) De TRIBULACIONES DE UNA MISMA (http://www.tribulacionesdeunamisma.com/): tiene muchos artículos científicos, muchas información.

martes 3 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XIII): UNA DE LAS NAVES EXPLOTA

Robillard empezó convocando a escritores, pensadores y algunos científicos nacionales a los que juntó por primera vez en su casa. Asistieron Guillermo Marconi, Adolfo Perdea y Sofía Highton, escritores e historiadores encumbrados; Martiniano Rosales y Julia Oliveira César, filósofos y artistas plásticos; María Cristina Reis y Eusebio Frontino, un matrimonio de científicos; y Juan Manuel Basualdo, autor chileno de paso por el país. Se trataba de amigos y conocidos, y aunque era un principio demasiado doméstico, un comienzo al fin. Cada uno de ellos además tenía contactos con intelectuales de otras partes del mundo, de modo que la telaraña de vínculos podía multiplicarse hasta el infinito.


Todos concurrieron entusiasmados, con la cabeza llena de ideas y, sobre todo, llenos de preguntas. La información que circulaba era escasa, y cuando estuvieron acomodados en el comedor, empezaron a intercambiar opiniones e interrogantes. De dónde venían, que finalidad los traía -si una había- y como eran físicamente, eran sólo algunas de las preguntas que sonaron. Estaban sentados alrededor de una mesa redonda, ante un televisor que traía imágenes de una nave mientras atravesaba Europa. Augusto, como anfitrión, abrió la cumbre a las quince horas, anticipó que era la primera reunión de muchas que habría y dejó fundado el Consejo de Sabios.


-Su civilización -opinó Reis- es mucha más avanzada que la nuetra, no hay duda. Cualquier civilización que llegare del espacio iba a ser mucho más evolucionada que la terrestre.


-¿No les parece llamativo que haya tan poca información oficial? -añadió Rosales-. Este Consejo debería convertirse en interlocutor válido entre los gobiernos y la gente. Y aún, entre las autoridades y los Visitantes.


-Podemos empezar nuestra tarea -ilustró Pereda-, elaborando un manifiesto o carta de presentación enunciando los problemas de la Tierra; desigual distribución de la riqueza, destrucción del medio ambiente, enfermedades, etc.


-Convocaremos -dijo Frontino- a sabios de todas partes: franceses, senegaleses, colombianos, mexicanos...


Augusto, viendo la dispersión, trató de encauzar las voluntades.


-Creo que los Visitantes conocen nuestros problemas. Una carta enumerándolos sonaría a un pedido de ayuda. El objetivo de este Consejo es otro. Aunque podríamos incluir otras propuestas.


-En realidad -comentó Marconi- nadie puede afirmar que no conozcan en detalle nuestra cultura. No debería asombrarnos que tengan registros acabados de nuestra historia, nuestro arte, nuestra ciencia.


-Es probable -expresó Augusto-, pero no creo que tengan información detallada. De todos modos, ¿qué mejor obsequio de la Humanidad para con los Visitantes, que una obra con todo lo que el hombre produjo?


De súbito sonó una explosión en el televisor. La nave que cruzaba el Viejo Continente estaba dañada y ladeada hacia el mar. Algo, como un rayo, la había alcanzado y ardía entre torbellinos de humo. Al rato se estrellaba en alguna parte de Europa. Minutos después la televisión anunciaba que, después de la caída del aparato, otros dos habían disparado un rayo mortífero y desintegrado dos pueblos de pastores, uno en Italia y otro en Grecia.

domingo 1 de marzo de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (XII): AUGUSTO CONOCE LA NAVE

Cuando Augusto llegó a Buenos Aires, encontró una ciudad excitadísima. El viejo estaba bastante molesto por la compañía de Agustín y de Camila. Refunfuñando había conducido por la ruta los cien kilómetros que separaban Buenos Aires de Chascomús, y maldiciéndose los había acomodado en su casa, bajo la mirada reprobatoria de Carmen. Ahora, como un preso en su celda, contaba los días de castigo.


La segunda tarde en la ciudad, el viejo decidió deslizarse hasta el centro para ver la nave con sus ojos, y aunque anheló que sus sobrinos no quisieran acompañarlo para no sufrir el martilleo de su voz, Agustín quiso secundarlo. Cuando tuvieron el disco espacial ante sus ojos, Augusto quedó extasiado. La nave estaba sobre el Obelisco, abriendo una ventana entre las nubes de una tormenta de verano, de esas que agitan cada tanto a Buenos Aires.


-Es fabuloso -exclamó Agustín, entre una muchedumbre formada por abogados, policías, cadetes, ejecutivos que parloteaban por los celulares y otros curiosos-. No estábamos solos...


Augusto lo miró con un dejo de desprecio: "¡Claro tonto que no estábamos solos!", pensó, pero mantuvo la calma y le dijo:


-Durante miles de años, hasta el descubrimiento de América, una mitad de este planeta ignoró cuales eran los confines del mundo. No supo incluso que había otra mitad, y que esa mitad estaba habitada. El imperio romano duró 1000 años, y sin embargo jamás conoció de la existencia de América. Ambos mundos vivieron ignorándose mutuamente, hasta que se encontraron por casualidad... Si eso pasó en el mismo planeta, si no supimos por siglos quien vivía en nuestra misma casa ¿cómo no suponer que hay más vida más allá de la Tierra, en un universo del que casi no sabemos nada?... Sólo espero que la historia no se repita, y que no corramos la suerte que corrieron los que fueron conquistados.


Y dicho esto, volvieron a la casa.


La nave no estuvo más tiempo en Buenos Aires. Unos días después visitaba Santiago de Chile, sobrevolaba las ruinas incas en Perú, y se lucía en Río de Janerio y San Pablo. Y mientras esto pasaba, Augusto convocó a Sabios de la América del Sur, para preparar el regalo que obsequiar a los visitantes.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
El señor de los Nazgul, en la batalla final

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

LA GUERRA DE LOS MUNDOS
Versión 1953

LO QUE EL VIENTO SE LLEVO

LO QUE EL VIENTO SE LLEVO
Scarlett O'Hara (Vivien Leigh, 1939)

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