Y así transcurrieron las primeras semanas en esa casa escasa de afectos. Los sábados en la noche los pasaba echada en el sillón, golpeando la videocasetera para que reprodujera mis escenas favoritas de Lo que el viento se llevó; me levantaba el domingo a las siete de la mañana para ir a la misa, y volvía el lunes al mismo negocio olvidado en el tiempo, sobre la misma calle, del mismo barrio, en la misma ciudad. Un comercio tan olvidado que hasta el tiempo había dejado de pasar por ahí. Incluso temía que un día el dueño del comercio se olvidara justamente de su comercio, olvidara que yo estaba en él y dejara de pagarme el sueldo.
Y así transcurría cada día desde hace muchos años. No había giro, ni cambio, ni salida de esa rutina. Y lo peor de la rutina no es vivirla, sino tener conciencia de su absurdo. Este es el peor castigo de los dioses, y no la
pena en sí misma. El reloj giraba monótonamente dejando pasar los momentos, y yo no los vivía.
-Tengo una vida tan aburrida y monótona –conté un día a Sofía-, que hasta el “aburrimiento” se aburrió de mi vida y dejó de visitarme. Incluso en el comercio es tanto el vacío que siquiera la Soledad se anima a entrar. Creo que las últimas cucarachas que había se mudaron porque aseguraron que hasta para ellas era un lugar insaluble. Al menos hubo un cambio al mudarme. Salí del fuego y caí en las brasas, pero ¡cambio al fin!
-Pero ¿por qué tanta tristeza? –exclamó Sofía, un tanto ofuscada por mi desaliento-. ¿Dónde dejaste la risa?
-Yo no la dejé –contesté-: ¡ella me dejó a mí! –y rompí a llorar.
-No te pongas en víctima –me contestó con esa autoridad que da haber cumplido ochenta años de vida-. No dudo que te dejó. ¡La alegría salió corriendo de tu lado! Pienso que hasta teme que la condenen a volver. Ya veo tu epitafio: “Aquí yacen Marta y Alegría: lo más arriesgado que hizo fue vender casetes en el siglo XXI, comer dos porciones de torta en una fiesta de bodas y colarse por error una vez en la cola del banco –al oír eso empecé a llorar con mayor fuerza: menos mal que intentaba consolarme-. Tenía, sí, muchos sueños: pero como los pájaros, un día emigraron”.
No puedo decir que Sofía me haya tranquilizado: si antes de empezar a hablar con ella tenía ganas de llorar, después de escucharla sentía deseos de morir por una sobredosis de chocolate. Pero un día, un día, cuando ella ya no estuviera, recordaría esa tarde, su carita, sus palabras, y mentalmente, le agradecería.
-¡Vamos! –exclamó-. ¡No quiero tener de amiga a una mujer cuyo mayor felicidad sea ir a misa los domingos a las ocho de la mañana para estar junto a otras viejas antipáticas como yo! Yo te ayudaré: tengo buenos consejos para ti. Y mucha gente conocida. Por ejemplo, podrías cambiar de empleo. Puedo insistirle a dos o tres personas que te darían el empleo tan sólo para que deje de molestarlos. ¿No escribías acaso? Pues haremos algo con eso también.
Y así transcurría cada día desde hace muchos años. No había giro, ni cambio, ni salida de esa rutina. Y lo peor de la rutina no es vivirla, sino tener conciencia de su absurdo. Este es el peor castigo de los dioses, y no la
pena en sí misma. El reloj giraba monótonamente dejando pasar los momentos, y yo no los vivía.-Tengo una vida tan aburrida y monótona –conté un día a Sofía-, que hasta el “aburrimiento” se aburrió de mi vida y dejó de visitarme. Incluso en el comercio es tanto el vacío que siquiera la Soledad se anima a entrar. Creo que las últimas cucarachas que había se mudaron porque aseguraron que hasta para ellas era un lugar insaluble. Al menos hubo un cambio al mudarme. Salí del fuego y caí en las brasas, pero ¡cambio al fin!
-Pero ¿por qué tanta tristeza? –exclamó Sofía, un tanto ofuscada por mi desaliento-. ¿Dónde dejaste la risa?
-Yo no la dejé –contesté-: ¡ella me dejó a mí! –y rompí a llorar.
-No te pongas en víctima –me contestó con esa autoridad que da haber cumplido ochenta años de vida-. No dudo que te dejó. ¡La alegría salió corriendo de tu lado! Pienso que hasta teme que la condenen a volver. Ya veo tu epitafio: “Aquí yacen Marta y Alegría: lo más arriesgado que hizo fue vender casetes en el siglo XXI, comer dos porciones de torta en una fiesta de bodas y colarse por error una vez en la cola del banco –al oír eso empecé a llorar con mayor fuerza: menos mal que intentaba consolarme-. Tenía, sí, muchos sueños: pero como los pájaros, un día emigraron”.
No puedo decir que Sofía me haya tranquilizado: si antes de empezar a hablar con ella tenía ganas de llorar, después de escucharla sentía deseos de morir por una sobredosis de chocolate. Pero un día, un día, cuando ella ya no estuviera, recordaría esa tarde, su carita, sus palabras, y mentalmente, le agradecería.
-¡Vamos! –exclamó-. ¡No quiero tener de amiga a una mujer cuyo mayor felicidad sea ir a misa los domingos a las ocho de la mañana para estar junto a otras viejas antipáticas como yo! Yo te ayudaré: tengo buenos consejos para ti. Y mucha gente conocida. Por ejemplo, podrías cambiar de empleo. Puedo insistirle a dos o tres personas que te darían el empleo tan sólo para que deje de molestarlos. ¿No escribías acaso? Pues haremos algo con eso también.
Continúa viernes












12 comentarios:
Germanico:
No pienses que soy un maleante que te ha abandonado. Pero dada la última experiencia con Algo Ocurrira, a decir verdad (y es totalmente verdad) soy demasiado impaciente, mucho (me leó libros en uno o dos dias y hasta dejó de comer, para terminarlos, jamás me veo una pelicula empezada, en fin)... entonces, dejé que fuera pasando poco a poco la historia de SE DICE DE MI... y sin duda Amó a Sofia, un personaje muy rico, un perfil psicologico muy bien trabajado.
Ger eres un genio!
Un abrazo
Norber!!
SOs muy groso escribiendo , te lo dije una y mil veces!!! aca te lo digo 1002 Bien por vos!! segui asi!
beso!
juancho!
Hola bueno me parece que Martita con la ayuda de Sofìa que por lo visto caracter no le falta y poniendole mucha garra puede llegar a cambiar su vida. Ojala pueda lograrlo. Ojalà lo logre.
Saludos.
Hola bueno me parece que Martita con la ayuda de Sofìa que por lo visto caracter no le falta y poniendole mucha garra puede llegar a cambiar su vida. Ojala pueda lograrlo. Ojalà lo logre.
Saludos.
Espero que pueda cambiar de vida, yo me muero con tanta chatura. Besos german,tía Elsa.
Hacía tiempo que no me pasaba por tu blog, jejejeje, me voy a quedar un ratillo más. Saludos desde Petardylandia.
Mmmmm Ger, te digo que hay un montòn de frasesitas sueltas en este escrito que me han pegado duro y me hicieron pensar mucho (te lo agradezco!)
Cuànta gente que viviò y vive una vida asì no?? triste...
Besos, buen jueves!
Como siempre llego a ultimo a todo, me he perdido las otras entradas. Tratare de buscarlas para ver como venia la historia. Aunque admito q leo siempre de corrido. Si veo q me gusta para ingerir x los ojos...me lo devoro.
Saludos Germánico...no se pierda !!
Agustín
Como ya es tu costumbre de escribir maravillosamente!!! me estoy tratando de poner al día, pero estoy con gripe y de la buena!!! te dejo un gran beso!!
gRACIAS POR PASAR. LOS VISITO.
SALUDOS
A ver si Sofía puede darle un giro a la vacía vida de la pobre Martita.
Un besito amigo
hola! que pena de vida...pobre---
eres genial ...abrazos silvia cloud
Publicar un comentario en la entrada