miércoles 29 de abril de 2009

DUELO DE CIVILIZACIONES (47): LA TERCERA BIBLIOTECA DE ALEJANDRIA

Los estudiosos lo miraron con sorpresa: Augusto encontraba un nuevo sentido para el Consejo. Aunque ya no buscaba poner fin a la guerra y plantar la concordia entre las civilizaciones en lucha.

-Construyamos una nueva y Gran Biblioteca de Alejandría, pero que no esté concentrada en un solo sitio para que el fuego (o en este caso, el rayo mortal de los invasores de turno) no vuelva a quemarla. Fraccionémosla en siete partes, y desperdigamos esos trozos en siete distintos y secretos lugares del mundo: tres en América, porque en tres está dividida; una en Europa; una en Asia; una en Africa y una en Oceanía. Reunamos en esos refugios todo lo que el tiempo que queda nos deje juntar; libros de historia, de ciencia, de poesía, novelas, cartas y cuentos; biografías de hombres, retratos y esculturas; discos de todos los materiales con voces del presente y del pasado, celuloides, fotografías y daguerrotipos. De modo que si perdemos la guerra –y ahí miró con resignación a los que lo rodeaban-, queden testimonios de nuestro paso, ya para arqueólogos venidos de otras galaxias, ya para los sobrevivientes. Y no acopiemos sólo de hombres célebres, porque la huella de cualquier hombre es única e irrepetible.

-Es una buena idea –afirmó Frontino-. Será una suerte de un archivo dactiloscópico o genético. Aunque… -y calló.

-Aunque es reconocer que seremos vencidos… -se animó a completar su esposa-. Ya intentamos otras cosas; es lo último que nos resta por hacer antes de apagar la luz.

Se instaló un silencio de sepulcro; la idea, de por sí, era demoledora. Pero Augusto saltó de las profundidades del pesimismo para inyectar otra vez ánimos.

-La última batalla no empezó, amigos –dijo con decisión-. De no sobrevenir la derrota, quedará esa reserva para el día después, para empezar otra vez. Muchas grandes bibliotecas de Europa ardieron; de muchos museos quedan sólo ruinas humeantes.

-Debemos convencer a coleccionistas privados –dijo Basualdo-, a archivos y hasta ofrecernos a los gobiernos como custodios de sus papeles y de sus patrimonios culturales y científicos.

-La biblioteca de América del Sur la formaremos aquí, en Buenos Aires –pensó Highton-. Debemos conseguir un espacio amplio para tanto material.

-Y guardaremos en secreto qué lugar es –agregó Marconi.

5 comentarios:

joselop44 dijo...

Caerá alguno de esos refugios en España? Ya veremos.
Saludos

Dámaso Bahamondes dijo...

Que buena ides, deberia hacerse en la realidad, besos.-

tia elsa dijo...

Y la idea mala no es, pero evidentemente se viene el fin, besos tía Elsa.

Silvia dijo...

holis!este Augusto no es el mismo del comienzo...el final se acerca...uh...
espero.
besotes.silvia cloud

Germanico dijo...

Gracias por los comentarios

JOSELOP44: Puede ser España.

Saludos

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El señor de los Nazgul, en la batalla final

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