La premonición de Ezquenazi fue más que eso, y tuvo su confirmación el 29 de marzo cuando dos grandes discos descendieron en Venezuela y desperdigaron allí cientos de robots y de esferas que disparaban rayos. Ese día la expresión de los habitantes de Buenos Aires se trastocó en espanto. Aterrados e impotentes, encendieron las radios y los televisores, buscando noticias, cuales fuesen. Hasta entonces, la América del Sur se había visto libre de la presencia de los invasores del espacio. Pero ese día sus habitantes tuvieron que reconocer que la guerra había llegado a su propio suelo. Entre Venezuela y Buenos Aires había miles de kilómetros de distancia, y varias naciones, pero los porteños se alarmaron tanto como si s
e hubiesen enterado que la flota extraterrestre estaba a unos pasos de la ciudad. Augusto, con el ejemplar del día en la mano, también se inquietó. Había supuesto (descreyendo de Ezquenazi) que los alienígenas iban a demorar más de dos meses. Pero los invasores habían resuelto el asunto con facilidad y puesto un pie en América del Sur. Turbado, mientras en derredor docenas de lectores atemorizados arrebataban los diarios de las manos de los canillitas, calculó el día en que los alienígenas estarían en Buenos Aires. “Si Ezquenazi tiene razón –dijo a su sobrino-, y parece que así será, el 27 de mayo estarán aquí”.
e hubiesen enterado que la flota extraterrestre estaba a unos pasos de la ciudad. Augusto, con el ejemplar del día en la mano, también se inquietó. Había supuesto (descreyendo de Ezquenazi) que los alienígenas iban a demorar más de dos meses. Pero los invasores habían resuelto el asunto con facilidad y puesto un pie en América del Sur. Turbado, mientras en derredor docenas de lectores atemorizados arrebataban los diarios de las manos de los canillitas, calculó el día en que los alienígenas estarían en Buenos Aires. “Si Ezquenazi tiene razón –dijo a su sobrino-, y parece que así será, el 27 de mayo estarán aquí”. No obstante, los habitantes de la ciudad se repusieron rápidamente del revés. Todavía las potencias estaban de pie, peleando, de seguro encontrarían la forma de derrotar al Enemigo y éste se retiraría. Incluso esa noche, en una cena, varios funcionarios del gobierno y periodistas aseguraron a Augusto que Buenos Aires nada tenía que temer porque los invasores no podrían combatir al mismo tiempo en todos los frentes que habían abierto.
Continúa mañana












9 comentarios:
Ya es un ataque en toda regla, Buenos Aires parece tener los días contados...
Saludos
Buenos Aires no Joselop, el mundo.
Estoy de regreso, tengo mucho para desatrasarme.
Saludos.
A propósito, ¿qué le hiciste al blog? Te ha quedado muy mono.
Ya me puse al día, que los niños no me dejan acercarme mucho al ordenador.
Y sigue todo tan fascinante como es costumbre de la casa.
Abrazos y saludos.
Yo no estaría tan segura de que no podrán combatir con muchos frentes abiertos!! Ojalá no nos ataquen.. "no bombardeen Buenos Aires, no nos podemos defender" (en honor a Charly!) :)
Saludos Ger!
holis!me mata la ingenuidad de Augusto..nos van a matar si llegan..qué historia muy buena!
(una pregunta porque no estoy en la lista de la derecha juajua)...
besotes.
silvia cloud
Gracias por los comentarios.
Hoy hablaré de actualidad nacional, pues un hecho ha conmocionado a los argentinos.
Saludos
jajaja! los políticos argentinos siempre igual negando la evidencia, que grande este escritor!!!
Pues Argentina parece que no se va a librar de la invasión... a ver qué pasa.
Por cierto me gusta mucho el cambio que le has dado a tu casa.
Un besito!
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